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¿Cuánto cuesta una web a medida?

Las ocho variables que mueven el presupuesto cuando no hay plantilla debajo

Con una plantilla el precio se calcula por páginas, porque el trabajo es rellenar huecos que ya existen. A medida esa cuenta no sirve. Puedes tener una web de tres páginas que cueste el triple que una de quince, y la explicación no es el capricho del estudio. Son ocho cosas concretas y las puedes valorar tú antes de pedir presupuesto.

Por qué la cuenta por páginas no funciona

Una plantilla trae resueltas las decisiones. Dónde va el titular, cómo se comporta el menú en el móvil, qué pasa cuando un texto es más largo de lo previsto. Al comprarla compras esas decisiones tomadas, y por eso el precio depende de cuántas veces las repites.

A medida hay que tomarlas. Todas. Y eso cambia dónde está el trabajo: no en la cantidad de pantallas sino en cuántas de ellas son distintas entre sí y qué tiene que hacer cada una.

Veinte fichas de producto idénticas son un diseño repetido veinte veces. Tres páginas que se comportan de tres maneras distintas son tres diseños. La segunda opción cuesta más aunque tenga menos páginas.

Las ocho variables

Puedes puntuar cada una en tu caso y saber por dónde va a ir el presupuesto antes de la primera llamada.

  • El alcance. Una página única no es un sitio de doce secciones. Esta es la obvia y la que todo el mundo estima bien.
  • Cuántas pantallas distintas. Ya lo hemos dicho, y es donde más se equivoca la gente al presupuestar.
  • La complejidad visual. Aplicar una dirección de arte que ya existe cuesta una fracción de construirla desde cero. Si tienes manual de marca, dilo en la primera conversación: baja el precio.
  • Si necesitas editarlo tú. Montar un gestor con sus campos, sus validaciones y la formación son días que no se ven en la pantalla pero se pagan.
  • Cuántos idiomas. No es traducir. Es duplicar estructura, señales para el buscador y trabajo de mantenimiento para siempre.
  • Si tiene que hablar con otros sistemas. Facturación, reservas, stock, un CRM. Cada integración es un proyecto pequeño metido dentro del grande, y es donde más presupuestos se quedan cortos.
  • Si hay tienda. Arrastra pagos, envíos, stock, impuestos y devoluciones. Una tienda no es una web con botones de comprar.
  • Si lleva 3D a medida. Es la partida que más varía de todas, porque depende de si el modelo existe o hay que construirlo.

La que más desequilibra

De las ocho, la que más veces rompe un presupuesto es la sexta. Las integraciones.

El motivo es que casi nunca se sabe de antemano lo que hay al otro lado. Un sistema de facturación puede tener una interfaz moderna y documentada, o puede ser un programa de 2011 sin forma de conectarse que obliga a inventar un puente. Las dos cosas se piden con la misma frase: «que se conecte con nuestro sistema».

Por eso conviene averiguarlo antes de encargar nada. Basta una pregunta a quien mantenga ese sistema: ¿tiene API? Si la respuesta es que sí y hay documentación, el trabajo es acotado. Si la respuesta es que no, o que hay que exportar un fichero cada noche, hay que replantear la idea entera.

Lo que se paga una vez y lo que se paga siempre

Una web a medida cuesta más el primer día que una plantilla. Eso es verdad y no tiene sentido negarlo.

Al tercer año la cuenta suele darse la vuelta, por tres motivos: no hay licencias anuales que renovar, no hay extensiones que se rompen al actualizarse, y no hay un rediseño forzado porque el sistema se quedó corto.

Esto tiene una condición, y conviene decirla. Si tu web va a seguir siendo la misma durante tres años y no va a crecer, la plantilla gana la cuenta. La ventaja del desarrollo propio aparece cuando el proyecto se mueve, no cuando se queda quieto.

Cómo pedir presupuesto para que sirva de algo

Con estos cuatro datos cualquier estudio serio te puede dar un número real, y no un «depende».

Qué vendes y a quién. Cuántas secciones crees que necesitas, aunque sea a ojo. Si vas a tener que editar contenido tú y con qué frecuencia. Y quién va a escribir los textos.

Ese último es el que casi nadie menciona y el que más mueve el plazo. Si los escribes tú, el presupuesto baja y el calendario depende de ti. Si los escribimos nosotros, sube el precio y baja el riesgo de que el proyecto se quede parado tres semanas esperando un texto.

Cuándo una plantilla es la decisión correcta

Hacemos desarrollo propio, así que corresponde decir en qué casos no lo recomendamos. Son tres, y los tres se reconocen antes de pedir presupuesto.

Cuando todavía hay que averiguar si la idea funciona. Una plantilla levanta la página en días y por poco dinero, y si la idea no cuaja no se ha perdido nada. Encargar desarrollo a medida en ese punto es invertir en ejecutar bien algo que aún no se sabe si hay que ejecutar.

Cuando la web es un folleto estable. Si no va a cambiar, no compite por búsquedas y su papel es que exista una dirección donde mirar, una plantilla bien elegida cumple ese papel entero. Pagar por lo demás es pagar por capacidad que no se va a usar.

Y cuando el presupuesto queda por debajo de lo que cuesta hacerlo bien. Ésta es la importante, porque es la que más veces acaba mal. El desarrollo a medida no admite terminarse a medias: lo que se recorta es siempre lo que no se ve —la estructura, el comportamiento en los casos raros, lo que después hay que mantener— y el resultado es un sitio más caro y más frágil que la plantilla que no se compró. Si las cuentas no salen hoy, la respuesta seria es esperar a que salgan. No empezarlo mal.

Puntúa las ocho variables en tu caso

Con eso y una conversación de veinte minutos sale un número cerrado, con el alcance por escrito.

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