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Qué aporta el 3D a una web

Cuándo explica algo que una fotografía no puede explicar

El 3D en una web se asocia con el efecto, y por eso se descarta con razón en la mayoría de los proyectos: un adorno que pesa no es una buena idea. Pero hay productos y servicios que una página plana infravende, y ahí el modelo no decora, explica. Distinguir un caso del otro se puede hacer antes de gastar nada, y de eso va esto.

Qué se compra en realidad

Una escena tridimensional no es una imagen más. Es un modelo: un objeto con volumen, medidas y materiales, que el navegador dibuja en el momento y desde el ángulo que haga falta.

De ahí sale la primera diferencia. Una fotografía enseña un instante que alguien eligió por ti. Un modelo se puede girar, recorrer y mirar por donde quiera mirar quien está decidiendo si compra, que casi nunca es por donde mira el catálogo.

Y de ahí sale la segunda, que es la que más se nota con el tiempo. El modelo se construye a partir de tu producto, así que no existe en ningún otro sitio. Una plantilla se reconoce aunque el visitante no sepa nombrar por qué le suena vista: la misma retícula, los mismos gestos, las mismas transiciones que ya ha visto en otros diez sitios. Una escena levantada desde tu propio objeto no se parece a nada porque no hay de dónde copiarla.

Cuándo explica algo que una foto no explica

No depende del sector sino de qué hay que hacer entender. Merece la pena cuando ocurre alguna de estas cuatro cosas.

  • El producto es espacial. Un local, una instalación, una estructura, un recorrido. Se entiende atravesándolo, y en fotografías se entiende a trozos que el visitante tiene que recomponer.
  • Lo que se vende es cómo está hecho. Piezas que encajan, capas, un mecanismo. Un despiece que se separa cuenta en cinco segundos lo que tres párrafos no consiguen.
  • El acabado es el argumento. Materiales, texturas, cómo se comporta la luz encima. Suele ser lo que sostiene el precio y lo que peor sobrevive a una foto de catálogo.
  • Todavía no existe. Una promoción, un proyecto, una serie que aún no se ha fabricado. No hay nada que fotografiar, y un render fijo enseña una versión decidida por otro; el modelo enseña el objeto.

El valor que no se ve en la primera visita

Hay una parte que no aparece el día del estreno y decide bastante a los dos años.

Una web construida sobre una plantilla envejece con la plantilla. Cuando el estilo que traía deja de verse actual —y deja de verse actual, porque lo lleva mucha gente a la vez—, se nota en la tuya al mismo tiempo que en las demás. No es un defecto del trabajo: es una consecuencia de compartir molde.

Un sitio construido desde un modelo propio no tiene ese calendario. Lo que se ve sale de un objeto que es tuyo, y eso es lo que hace que a los dos años se reconozca de quién es sin necesidad de leer el logotipo. Ese reconocimiento es el activo, y es lento de construir y difícil de copiar.

Cuándo no merece la pena

Esto lo hacemos nosotros, así que corresponde decir cuándo lo desaconsejamos.

Si lo que vendes se entiende con una buena fotografía, ya está entendido. Añadir una escena sólo suma peso y una cosa más que mantener, y no mejora ninguna decisión de compra.

Si el modelo no existe y no hay presupuesto para construirlo, hay que saberlo antes de empezar. Modelar bien, a la escala correcta y con los materiales resueltos es una partida propia del proyecto, y es la que más se subestima.

Y si el objetivo es que la web impresione, la respuesta es que no. Impresionar no se puede comprobar, así que no se puede saber si se consiguió, y lo que se hace por ese motivo envejece en un año. La pregunta que sí lleva a algún sitio es qué se entiende mal hoy.

La objeción de siempre: que pesa

Es la primera que aparece y está justificada, porque durante años el 3D en el navegador se pagó con el tiempo de quien entraba.

Ya no tiene por qué. La técnica sólo vale si no se paga con la espera del visitante, y eso obliga a dos decisiones desde el primer día: generar la geometría en lugar de descargarla siempre que se pueda, y no cargar nada antes de que haga falta.

La demostración está donde lo estás leyendo. Este sitio es una escena tridimensional completa y abre rápido. No es un caso especial: es lo que ocurre cuando el peso se decide al principio, en vez de intentar corregirlo al final.

Qué hace falta antes de plantearlo

  • Saber qué tiene que entender el visitante y no entiende ahora. Si la respuesta es «que vea que somos modernos», todavía no hay encargo que hacer.
  • El modelo, o presupuesto para construirlo. Si tenéis archivos de fabricación en CAD, conviene decirlo pronto: ahorran buena parte del trabajo, aunque no sirven tal cual y hay que prepararlos para el navegador.
  • Decidir hasta dónde se puede tocar. Girar no es lo mismo que recorrer, y recorrer no es lo mismo que cambiar acabados. Cada escalón tiene su coste y conviene elegirlo, no descubrirlo a mitad.
  • Y en qué dispositivo va a ocurrir. Si la mitad de tus visitas llegan desde el móvil, eso condiciona el detalle del modelo, y se decide al principio o no se decide.

Cómo lo planteamos nosotros

Empezando por lo que hay que enseñar y no por la escena. La primera pregunta es qué se entiende mal hoy, y hay veces que la respuesta es que el problema está en el texto y no hace falta ningún modelo. Decirlo es más útil que vender lo nuestro por defecto.

Cuando sí hace falta, la escena se construye dentro de la web y con la marca del proyecto, no como una herramienta ajena metida en un recuadro. Es la diferencia entre que el 3D forme parte del sitio o que se note prestado.

Y el presupuesto de peso se fija antes de modelar nada. Un modelo excelente que tarda ocho segundos en aparecer no lo ve nadie, y entonces daba igual lo bueno que fuera.

¿Tu producto se explica mejor rodeándolo?

Se puede saber en una conversación: qué se entiende mal hoy, y si el modelo existe o hay que construirlo.

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