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¿Agencia, freelance o estudio?

Cómo elegir a quién encargarle tu página web

Todo el mundo llega preguntando cuál de los tres es mejor. No hay respuesta a eso. Hay proyectos donde un freelance es la decisión correcta y proyectos donde contratarlo te va a costar dinero y meses. Lo que sigue es cómo saber en cuál estás, con los datos que casi nadie pone por escrito.

En qué se diferencian de verdad

La diferencia no está en el talento. Está en la estructura, y de ahí sale todo lo demás.

Un freelance vende su tiempo. Hablas directamente con quien ejecuta, las decisiones se toman en el momento y nadie cobra por intermediar. A cambio es un único punto de fallo. Si se pone enfermo, si le entra un cliente más grande o si simplemente cambia de trabajo, tu proyecto se para y no hay quien lo recoja.

Una agencia vende un resultado sostenido por una estructura. Tiene capacidad, procesos y relevos: si el programador se va, entra otro. Esa estructura hay que pagarla, esté trabajando en lo tuyo o no, y casi nunca hablas con quien ejecuta.

Un estudio es lo de en medio. No es un cargo ni un tipo de empresa, es un tamaño: dos o tres personas que diseñan y programan. Quien te atiende es quien hace el trabajo, pero hay más de una cabeza y el proyecto no se cae porque alguien coja la gripe.

El criterio que más información da

Si tuvieras que quedarte con una sola pregunta, quédate con esta: ¿la persona que te presenta el proyecto es la que lo va a hacer?

No va de simpatía. Cuando el que diseña te oye explicar por qué tu producto se vende mejor por teléfono que por la web, ese matiz llega a la pantalla. Cuando pasa por un intermediario, llega resumido en un documento, y lo que se pierde por el camino suele ser justo lo que hacía distinto a tu negocio.

En las agencias grandes es normal que el equipo comercial no sea el equipo de producción. No hay engaño: es cómo funciona una estructura con quince proyectos abiertos. Pero pregúntalo antes de firmar, y pide la respuesta por escrito. Quién diseña. Quién programa. Con nombre.

Cuándo conviene un freelance

Es la decisión correcta en bastantes más encargos de los que el sector admite, y desde luego en más de los que le conviene reconocer a una agencia.

  • El proyecto está acotado y tú lo sabes. Una landing de campaña. Un rediseño de algo que ya funciona.
  • Tienes claro qué quieres contar. Si necesitas que alguien te ayude a decidir eso, un freelance de ejecución no es lo que buscas, y contratarlo acaba en frustración por las dos partes.
  • Puedes coordinar tú. Si hace falta diseñador y además alguien que escriba, el que va a estar juntando piezas eres tú. Cuenta esas horas antes de comparar precios.
  • Manda el presupuesto y asumes lo que eso implica: menos margen para imprevistos, ninguna red si algo se tuerce.

Cuándo conviene una agencia

Hay encargos donde contratar a alguien pequeño es meterse en un problema. Lo decimos siendo nosotros los pequeños.

  • Volumen grande y sostenido. Un ecommerce con miles de referencias, una plataforma con usuarios registrados, integraciones con sistemas internos.
  • Necesitas garantías de continuidad por contrato porque la web es crítica para operar.
  • Hay muchos interlocutores por tu parte. Marketing, ventas, sistemas, dirección. Alguien tiene que dedicarse a coordinar eso y no puedes ser tú.
  • El proyecto no termina al publicar. Hace falta un equipo trabajando durante meses o años.

Cuándo conviene un estudio

La franja del medio es la más poblada y la peor atendida. Proyectos que necesitan criterio y no solo ejecución, pero que no dan para pagar una estructura.

  • Hay que decidir qué se cuenta, no solo cómo se ve. Si el encargo empieza con «no sabemos bien cómo explicar lo que hacemos», eso no se resuelve maquetando.
  • El proyecto cruza disciplinas y quieres que las decida la misma cabeza. Marca, contenido, diseño y código separados es donde una web deja de parecerse a quien la encarga.
  • Quieres hablar con quien trabaja, pero sin que todo dependa de una sola persona.
  • El resultado tiene que distinguirse de algo. Una plantilla se nota aunque el visitante no sepa nombrar por qué le suena vista.

Los plazos, que casi nadie escribe

Este es el dato que se pide en la primera llamada y que casi ningún artículo sobre esto responde. Revisamos los cuatro que ocupan la primera página de Google para esta pregunta: tres de los cuatro lo dejan fuera.

Los nuestros, por tipo:

  • Landing o página única: 2 a 3 semanas.
  • Sitio corporativo de cinco a ocho secciones: 6 a 8 semanas.
  • Sitio con 3D a medida: 8 a 12 semanas.
  • Tienda online: 10 a 14 semanas.

Y la letra pequeña que importa: los plazos cuentan desde que el contenido está cerrado. No desde la firma. Es la única variable que no controlamos y la que más retrasa proyectos. Una semana esperando que alguien apruebe un texto es una semana de proyecto, y se acumulan.

Si alguien te da un plazo sin preguntarte quién escribe los textos ni cuándo estarán, ese plazo no vale nada.

Qué pasa después de publicar

La otra pregunta que nadie responde, y donde se ve de verdad la diferencia entre las tres opciones.

Publicar no es terminar. Las dos primeras semanas sacan lo que ninguna prueba encuentra: un texto que había que cambiar, algo que se ve raro en un móvil concreto, una duda sobre cómo editar. Pregunta si eso entra en el precio o se factura aparte. Pídelo por escrito.

Después vienen dos cosas que suelen venderse juntas y conviene separar, porque no son lo mismo ni se deciden igual. Una es el mantenimiento técnico. La otra es poder editar tus propios contenidos.

El mantenimiento no es un extra que se contrata si sobra presupuesto. Una web es software conectado a internet: los navegadores cambian, las dependencias acumulan vulnerabilidades conocidas, los certificados caducan y las copias de seguridad sólo sirven si alguien comprueba que se están haciendo. Sin ese trabajo, un sitio que hoy funciona se degrada solo, y la factura llega más tarde y más alta. Lo que sí eliges es a quién se lo encargas: a quien la construyó o a otro. Esa conversación va antes de firmar, no el día que algo deja de funcionar.

Editar tus contenidos es harina de otro costal y ahí no debería haber dependencia ninguna. Si para cambiar un precio en tu propia web tienes que escribir un correo y esperar a que alguien lo haga, no te han entregado una web. Te han entregado una dependencia.

Cómo mirar los trabajos de alguien sin ser diseñador

Cuatro comprobaciones que puede hacer cualquiera en veinte minutos:

  • Ábrelos en el móvil, no en el ordenador. Ahí se cae el trabajo hecho deprisa.
  • Comprueba que existen. Pide las direcciones y visítalas. Lo que se enseña en una pantalla puede ser una propuesta que nunca llegó a publicarse.
  • Mira si se parecen entre sí. Que se note el mismo oficio está bien. Que se note el mismo molde, no.
  • Lee los textos. Si los proyectos están llenos de relleno o de frases genéricas, el contenido se decidió al final, y eso predice cómo va a ir el tuyo.

Señales buenas y señales de alarma

Vas por buen camino si te preguntan por tu negocio antes de hablar de diseño, si te dan el alcance por escrito con lo que entra y lo que no, si el presupuesto es cerrado, si te dicen quién concretamente va a trabajar, y si en algún momento te dicen que no a algo. Quien acepta todo lo que pides no está pensando en tu proyecto.

Desconfía si te dan precio antes de saber cuántas secciones hay. Si el plazo no depende de nada. Si en toda la conversación no aparece la palabra contenido. Si te hablan de tecnologías antes de preguntarte a quién quieres vender. Si los trabajos que enseñan no tienen direcciones que puedas visitar. Si nadie menciona qué pasa después de publicar.

Cuándo no somos nosotros

Somos un estudio, así que lo justo es decir en qué casos deberías llamar a otro.

Si necesitas una página para una campaña que arranca en diez días, con los textos escritos y la imagen decidida, un buen freelance te lo hace antes y más barato. Pagarnos a nosotros por eso no te aporta nada.

Si tu proyecto es una plataforma con usuarios, procesos internos y equipos tuyos trabajando dentro a diario, necesitas una estructura con relevos y garantías contractuales. No somos eso.

Y si buscas el precio más bajo del mercado, tampoco. Hay quien lo hace por menos y a veces sale bien. No competimos ahí.

Si crees que lo tuyo es de estudio

Lo primero será preguntarte por tu negocio, no proponerte una web.

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